Un proceso de corrupción llamado “Oasis”

La actualidad catalana está muy focalizada en el llamado proceso soberanista para unos, secesionista para otros. Proceso que se vende como la mayor demostración de pulcritud democrática de todos los tiempos. Y, como no podía ser de otro modo, Artur Mas, máximo representante del Estado -al que acusa sin rubor de opresor- se sitúa en cabeza del mismo.

Democracia, antaño “ el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo”, debe entenderse hoy, como un instrumento de aplicación y de realización de valores y principios. Tal vez el más importante de ellos sea la libertad.

En palabras de García de Enterría “ la democracia se ha convertido en un paradigma universal e indiscutido “. Solo en ella se reconoce hoy la legitimidad del poder político.

Sin embargo, el sistema democrático no está hoy libre de amenazas y riesgos. Los peligros que se ciernen sobre la democracia provienen, en ocasiones, de factores externos como los conflictos étnicos, que resucitan, a finales de nuestro siglo en la propia Europa.

Pero son las circunstancias internas las más peligrosas para la democracia, y, posiblemente, la de mayor trascendencia sea la corrupción.

En Cataluña ha estallado el que posiblemente pasará a la historia como el mayor y más vergonzante caso de corrupción política, el caso Pujol, el caso Convergencia. Durante décadas se ha extendido horizontalmente ya que quien no pagaba el 3, 4 o 5 % se quedaba sin pastel. Alguna vez los ciudadanos deberemos conocer la relación de todas las empresas, entidades y organismos implicados.

Autoridades y funcionarios han extendido la corrupción en vertical pues sólo implicando unos a otros podían encubrir la magnitud del negocio. Lógicamente, tal como afirma Lamo de Espinosa, una vez perdida la honestidad, resulta muy difícil salir del proceso de corrupción, aquí llamado “oasis”.

Ante la previsible ecatombe que amenazaba con llevarse por delante la mayor parte de la clase política catalana, Artur Mas decidió tomar la iniciativa. Y así de este modo, planificó un órdago al Estado con la firme intención de quebrarlo o bien de forzar una negociación que garantizara la impunidad del “oasis” durante décadas.

En estos momentos, tengo serias dudas de que no vaya a ganarlo sin romper el Estado. Ustedes, ¿cómo lo ven?.

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