Siempre habrá un Iceta

La celebración del patético referéndum del 1-O, impulsado por una pléyade de honorables corruptos, astutos fracasados, visionarios encarcelados y cobardes prófugos, y la posterior proclamación de una República de juguete, está dejando una Cataluña —antes próspera— sembrada de odio y ruina económica y social”.

Me atrevo a pensar, amable lector, que Vd. es, como yo, uno de los muchos fascistas del Estado español que oprime al pueblo catalán, desprecia su lengua, quiere acabar con su modelo educativo, y piensa que la escuela catalana es una fábrica de independentistas. Un español antidemocrático, heredero del régimen franquista del 78, que apoya la aplicación del artículo 155 —un auténtico golpe de Estado contra el legítimo gobierno catalán— y que, además, es Vd. cómplice de ese gobierno opresor que encarcela a la gente por el simple hecho de ser independentista. Imagino, también, que deseaba que las elecciones autonómicas convocadas ilegítimamente por el gobierno de Mariano Rajoy permitieran un gobierno autónomo constitucionalista.

Como bien sabe Vd., para los supremacistas catalanes, el pasado 1 de octubre se celebró en Cataluña un referéndum, una auténtica fiesta de la democracia, en la que todo el mundo —mujeres, hombres, niños, de aquí, de allá, de todas partes y todo lugar — pudo votar con todas las garantías democráticas, con total libertad, y cuantas veces quiso, pese la actitud represiva de las fuerzas de ocupación españolas que atacaron violentamente al pacífico pueblo catalán. El resultado fue un clamor del “poble català”, que otorgó al muy Honorable presidente de la Generalidad, Carlos Puigdemont, un mandato inequívoco para proclamar la República catalana, como así hizo el 27 de octubre del mismo mes. La respuesta del gobierno franquista del PP fue disolver el Parlamento catalán, cesar al gobierno de la Generalidad y convocar elecciones ilegítimas para el 21 de diciembre.

De locura. Parece mentira, pero este es el discurso pasado, presente y futuro del nacionalismo independentista catalán.

La realidad es que, la celebración del patético referéndum del 1-O, impulsado por una pléyade de honorables corruptos, astutos fracasados, visionarios encarcelados y cobardes prófugos, y la posterior proclamación de una República de juguete, está dejando una Cataluña —antes próspera— sembrada de odio y ruina económica y social.

Carlos Puigdemont, investido del derecho a delinquir —derecho a decidir, para los nacionalistas— por el poble català, cumplió su promesa de proclamar la República El mismo día de la proclamación, el Senado aprobó autorizar al Gobierno para aplicar las medidas acordadas con 214 votos a favor del PP, PSOE, Ciudadanos, UPN, Foro y Coalición Canaria. Tras el cese del gobierno autónomo y la disolución del Parlamento regional, la consecuencia más significativa de la aplicación del 155 fue la celebración de elecciones autonómicas el día 21 de diciembre, con el resultado por todos conocido.

La incertidumbre seguirá marcando la agenda de los próximos meses. La capacidad de invención, de infamia y de fabulación del independentismo resulta ilimitada. Nos bombardeará con su República proclamada y no implementada; con su victimismo; con sus “presos”; con sus lecciones de democracia golpista; con su pacifismo amenazante, acosador, insultante y despectivo que marca a quien no comulga con su credo cuyo primer mandamiento reza: España nos roba / el Estado español nos expolia / el Gobierno del Estado nos oprime / … según la parroquia. Y continuará el acoso a Ciudadanos, la auténtica bestia negra del independentismo.

Alguna vez se cansarán; el lenguaje carcelario suele ser más convincente que la razón, me dirán. Tal vez. Pero siempre habrá un Iceta dispuesto para echarles una mano.

José Simón Gracia

***Artículo publicado originalmente en Reino de Valencia Nº 109 Enero/Febrero 2018
Actualizado el 24-03-2018

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