Podemos, el mal menor

La honradez moral de nuestros políticos hace temblar la democracia; día tras otro, se viola la dignidad humana sin que aparezca siquiera un tímido rubor en nuestra singular casta, en terminología asamblearia.
El bien común, objetivo final de lo público, aparece sepultado bajo toneladas de basura pestilente acumuladas en una especie de Gran Hermano boñigoso, concurso vil del “cafre -bárbaro y cruel-, yo más”. Los poderes del Estado se han ampliado con el fin de influir en la sociedad, siempre en sentido favorable a sus intereses; de servicio al pueblo a servirse del pueblo. Mientras tanto no se han desarrollado mecanismos o herramientas que aumenten la participación del ciudadano en la toma de decisiones, ni en el control de la actividad pública. blesa_rato
Otra perversión de nuestra democracia es el incremento desorbitado del gasto público que no se ha compensado con una mejora en los servicios que presta. Baste ver los déficits en sanidad y educación, por no hablar del degradado estado de nuestras carreteras. Gasto público incrementado “n veces” para engrosar cuentas corrientes de familiares o testaferros de  corruptos.
Las carencias de la democracia se manifiestan también en el afán de monopolizar la vida pública; el Estado se muestra poco sensible a la participación de los ciudadanos. Y si,  en un sistema basado en la participación, ésta es cada vez menor , nos encontramos ante una deslegitimación del mismo.
Las causas de esa inhibición no deben buscarse sólo en los profesionales de lo público; la sociedad parece haber sido succionada por un encantamiento esotérico que deja en manos del Estado la dirección efectiva de nuestras vidas. Cuando no se nos convierte en borregos seguidores de un Mesías iluminado que nos conduce a ninguna parte, se nos conforma con ser idiotas habilidosos, contentos de tener trabajo y de no hacer el tonto.
Ante este panorama, el ciudadano debe recuperar el papel de sujeto político. Y el cargo público debe suponer una “carga” , un sacrificio, un honor para quien lo sustenta. Si para lograr esa llamada regeneración hemos de pasar por Podemos, pues adelante.

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