Pablo Iglesias, el seductor

Singularidad catalana, cuestión catalana, problema catalán, hecho diferencial catalán, son distintas etiquetas bajo las cuales se presenta, con envoltorios diversos y circunstanciales, un auténtico y peligroso desafío al Estado. Sobre su origen y posterior evolución mucho se ha escrito y no es éste el motivo de mis reflexiones. Hoy, me interesa más centrarme en la respuesta que se da al mismo desde distintos ámbitos. En concreto, me interesa la ofrecida por Pablo Iglesias, no por su contenido -inexistente- sino por su enunciado, por su estética, por su ética.

Dice Pablo Iglesias que el resto de España lo que tiene que hacer es seducir a Cataluña. Seducir tiene una acepción noble que refiere al intento de conseguir una interacción de tipo sexual, las otrora llamadas conquistas amorosas. Inicialmente, creo que el líder de Podemos no se refiere a ella, al menos de manera consciente, aunque quizá, como Napoleón Hill cuenta en su libro “Piense y hágase rico”, quien ansía alcanzar el poder y la riqueza lo hace motivado por agradar al sexo opuesto. Otra acepción, con seguridad la que está en mente de Iglesias, se refiere a engañar con arte y maña. Y como se trata de predicar y dar ejemplo, dígame: ¿Cómo piensa Pablo Iglesias y su formación engañar, digo seducir a Cataluña?. Como es poco probable que tenga la ocasión de plantearle personalmente todas mis inquietudes, le dejo estas cuatro:

¿Piensa blindar la lengua catalana para que “Plataforma per la llengua” vea cumplido su principal objetivo : “en una o dos generaciones, el castellano pasará a ser una lengua residual, respetada, pero residualMás información?

¿Piensa blindar el modelo de propaganda mediática que resulta tan incompatible con la equidad y el respeto a la pluralidad y diversidad de ciudadanía de Cataluña?

¿Piensa blindar la política educativa convertida en un instrumento de adoctrinamiento y combate político?

¿Piensa promover y establecer un trato fiscal “singular” en base a ese tan cacareado déficit fiscal,-expolio, afirman sin rubor- olvidándose, entre otras muchas cosas, del superávit comercial del cual es inseparable ?

Espero haberle seducido lo suficiente como para llamar su atención. Con el respeto que se merezca,

José SIMÓN GRACIA

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