¿Matamos a Sócrates?

Tras un lustro negro, aciago, calamitoso, la estampa lúgubre de España presenta tangibles grietas que permiten recuperar la dosis de esperanza que nuestro equilibrio emocional exige.

Muchos, especialmente aquellos que con mayor crudeza sufren sus consecuencias, puede que contemplen con cierta frialdad las cifras que, desde  dentro y fuera de nuestro territorio, pretenden demostrar la bondad de las mismas. A pesar de ello, quiero creer que, en lo más profundo, se aferran a esa pizca de ilusión que nace más del sentimiento que de la razón.

Otros, generalmente menos afectados o incluso beneficiados, alzan su voz a través de los medios , para infravalorar, cuando no negar, esos primeros rayos  de luz, esa Socratesincipiente recuperación. En su afán de castigar al político de turno -nada hay que objetar en ello- interpretan las cifras de tal manera que , al final, pareciera que todo es un engaño. Y ello es tremendamente perjudicial para consolidar la recuperación. Curiosa forma de ayudar. Porque, además, si todos aceptamos que las apariencias engañan, ¿por qué no aceptar que nuestras convicciones lo hagan también?

Seguramente el general de la ciudadanía tiene sobrados motivos para justificar la crítica, el enfado, la exigencia de responsabilidades políticas y legales. Demasiadas veces hemos sentido indignación, náuseas, asco. Pero ¿vamos a convertirnos ahora en monstruos sedientos de autodestrucción? ¿No vamos a ser capaces de sincronizar la pasión y la razón, el sentimiento y las ideas?

Sólo unas décadas nos separan de la España fratricida y caínita.Renunciando al yo en favor del nosotros, conseguimos tranformar la España del blanco y negro en una sociedad más estable y justa, más libre y menos pasional. Ahora tenemos la oportunidad de renovar nuestra apuesta por la razón o sucumbir de nuevo al poder de la pasión. Optar entre regresar al pasado o afrontar el reto de un futuro que conjugue la pasión y la razón de tal modo que una aporte la energía y otra el control.

Alejémonos de la exaltación de impulsos apolíneos y dionisíacos, dejemos la tragedia griega en la historia. Salvemos a Sócrates.

José SIMÓN GRACIA

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1 Response

  1. “Sólo sé que nada sé”, seamos más sensatos y humildes, la verdad absoluta no la poseemos…
    Efectivamente, no hay que matar (olvidar) a Sócrates; otro buen propósito del día…
    Buen artículo.
    Félix

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