Mas y Junqueras, esos queridos enemigos

La hoja de ruta que el dúo de trileros Mas y Junqueras diseñaron para Cataluña está escrita, más que con renglones torcidos, con garabatos patrióticos sustentados por la animadversión al Estado español a causa de un conflicto de intereses. La polarización consiguiente ha creado un relato que, como manual de campaña, se difunde profusamente a través de los medios del régimen y de opositores a cargo. Lo de menos son los parches que denuncian los rotos del trazado, las verdaderas razones de esa imposible alianza, pues, en definitiva, los más de los adeptos, lo son por un acto de fe.
El conflicto se agudizó con el traspaso de poderes en la Generalitat. El gobierno del tripartito, para afianzarse en el poder y acallar las denuncias de usurpar el gobierno a CiU -ganador de las elecciones-, amagó con ventear algunas alfombras; al tiempo, la protección del gobierno central se tambaleaba. Conscientes que el tinglado se desmontaba, alarmados, los herederos políticos de la “Casa nostra ”, mandaron a Madrid señales de emergencia: protección o nos montamos al carro de ERC. Pese a las amenazas y a la entrega de presas de pequeño calibre, el gobierno no cedió, seguramente porque estaba demasiado acuciado por su propio nicho.
jordi-pujol-con-marta-ferrusolaHoy, la información de que disponemos, apunta a una tupida y vasta red de corrupción con hipocentro en el clan Pujol-Ferrusola. que durante más de dos décadas se tejió en Cataluña. Con la fuerza que daba tener firma en el DOGC (Diari Oficial de la Generalitat de Catalunya), el clan forjó una red de cuentas bancarias gibraltareñas, andorranas, suizas, antillanas o panameñas, que les aportaron fortunas millonarias. Un entramado, aparentemente controlado por la matriarca del clan, Marta Ferrusola, que , como una auténtica dama de acero, controlaba “l’hortet” que se extiende a las Islas del Canal.
Las razones e intereses de Esquerra Republicana de Catalunya son distintas. Tras la caída del segundo gobierno tripartito, los republicanos apostaron por rentabilizar el botín que la información obtenida en su etapa de gobierno les servía en bandeja. La alianza con sus enemigos convergentes les acercaba a su sueño independentista y, en el peor de los casos, de no conseguirla, acabaría definitivamente con el partido de Artur Mas. Erigida como primera fuerza política de Cataluña, el poder en el gobierno de la Generalitat estaría garantizado. Mantener la polarización social que alimentara las urnas no se antoja tarea difícil en una sociedad controlada por los medios y generosamente subvencionada.
En estos momentos, los nervios están a flor de piel y las espadas en alto, tal y como ha puesto de manifiesto el paso de los queridos enemigos, Mas y Junqueras, por “can Cuní”. Y es que, un detalle, pequeño en apariencia, se les escapó: la sociedad catalana es muy diversa y plural en todos los ámbitos, y, gran parte de ella, ha decidido no subirse al carro que, esa hoja de ruta, conduce al abismo. La próxima cita electoral habrá de certificarlo.

José SIMÓN GRACIA

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