Los miedos de un personaje indigno

Jose_marco_100“temía la incomprensión de ese abnegado autónomo, condenado, sin juicio, a pagar un 20% de multa cada vez que se atrasa en el pago de la cuota; o la de ese parado que, agotado el subsidio con el que mantener a los suyos, no logra conciliar el sueño; o la de esa familia, antaño feliz, desahuciada, contando los minutos que tardará la policía en reventar la puerta .. “

Las impactantes imágenes de Jordi Pujol entrando a declarar en un juzgado de Barcelona, acusado de fraude fiscal y evasión de capitales, junto a su mujer y tres de sus siete hijos, parecen estar minando la familia convergente, al tiempo que acrecienta la fractura entre los partidarios de la independencia de Cataluña. A quienes, desde Cataluña, no compartimos el proyecto separatista, y a los ciudadanos del resto de España, las escenas nos producen, seguramente, sensaciones que fluctúan entre la satisfacción y la indignación.

JORDI PUJOL ASEGURA QUE OCULTÓ SU FORTUNA PARA NO DAÑAR SU IMAGENAnte la juez que le interrogaba, lamentos. Lamentos que no se corresponden con el perfil casi místico del padre del independentismo catalán, el referente ético del “procés”, el padre de la patria catalana. Su desnudez ética golpea el frágil y superficial revestimiento moral del soberanismo, y anticipa escenas que incorporarán nuevos protagonistas -terrible la maldición que pesa sobre el Dios Odín, qué pronto ha sido abandonado.

Confiesa sus miedos para justificar su indignidad. Miedos que resultan vomitivos para millones de personas sin empleo, sin patrimonio, sin familia, sin vida. Temía por su imagen, declara el anciano Pujol. Temía la incomprensión de ese abnegado autónomo, condenado, sin juicio, a pagar un 20 % de multa cada vez que se atrasa en el pago de la cuota; o la de ese parado que, agotado el subsidio con el que mantener a los suyos, no logra conciliar el sueño; o la de esa familia, antaño feliz, desahuciada, contando los minutos que tardará la policía en reventar la puerta de su ya no hogar, por haber cometido el crimen de cumplir dos trienios en el paro. Y todo porque al ‘bueno’ de su padre -el de Pujol- se le ocurrió dejarle “una hucha” de 140 millones de las antiguas pesetas que, para colmo de mala suerte, se le han multiplicado como las ratas.

Ratas más dignas habitan en las cloacas del palacio que durante décadas fue su morada.

José SIMÓN GRACIA

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