Lluís Llach, de la estaca a los estacazos

Jose_marco_100“.. una paciente enferma de cáncer ha sobrevivido a las carencias materiales y humanas que azotan a este hospital en particular y, en general, a todos los centros de salud públicos: camilla que pide ser chatarra, aire acondicionado descontrolado, mantas ausentes, fármacos caducados, ..”

La Asamblea Nacional Catalana (ANC), organización civil que representa en exclusiva al poble català –el auténtico–, celebró el sábado 29 de abril su V Asamblea General Ordinaria (AGO) en el pabellón de deportes que hay en la entrada sur a Granollers. Durante la misma, y en presencia de las máximas autoridades catalanas, Puigdemont y Forcadell, 2.355 miembros aprobaron una ponencia política a favor del golpe de Estado, es decir, de la declaración unilateral de independencia (DUI).

A escasos cinco meses vista del Sí o Sí, la AGO de este año debiera haber sido un festival, una explosión de alegría ante el parto de la República catalana –azote de la corrupción, del desempleo, la desigualdad e incluso de la obesidad– que garantiza la felicidad eterna, salud y una longaniza para atar a los perros que ya no cagarán mierda sino mermelada integral.

Incomprensiblemente –no se entiende el rechazo de la mayoría unionista–, no ha sido así. El encuentro ha resultado lo más insípido, aburrido y frío que han parido. La abundancia de cartelería, globos y confeti fue insuficiente para disimular las ausencias (incluída la del Alcalde de la ciudad, Josep Mayoral) que delataban tanta grada y silla vacía. Ni la música, ni los aplausos que Ada Parellada –prodigio de la cocina catalana– se regalaba a sí misma, ni las promesas de Puigdemont, lograron caldear los ánimos del personal. La cara del propio Puigdemont, tras su discurso, era todo un poema.

Nadie debiera sorprenderse, era previsible; la caída del fervor soberanista, palpable también en la calle y en los medios, es consecuencia de múltiples fracasos que se acumulan a velocidad de crucero. Los últimos: las inhabilitaciones, el fracaso internacional y los tics fascistoides del diputado Lluís Llach.

Las inhabilitaciones de Francesc Homs, Irene Rigau, Joana Ortega y Artur Mas, como consecuencia de la desobediencia al Tribunal Constitucional por el referéndum del 9N, no han conseguido sublevar ni a los más fieles al régimen ni ha suscitado la mínima reacción de simpatía de comunidad internacional. Por contra, la doble bofetada propinada el pasado mes de abril, al unísono, por la Embajada de EE.UU y la fundación del expresidente norteamericano Carter, ha puesto de manifiesto que el proceso carece de apoyo internacional (uno de los tres pilares sobre los que, hipotéticamente, se fundamenta el secesionismo). Para más recochineo, el único jefe de Estado que manifiesta su apoyo a las tesis independentistas es el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, que no parece el mejor ejemplo del ‘Love democracy

Mención especial merecen las amenazas del diputado Lluís Llach, el de L’estaca, dispuesto a liarse a estacazos con los funcionarios que no secunden el golpe. Amenazas golpistas, antidemocráticas e indignas de quien se dice antifascista. Sin embargo, en su discurso, hay algo más preocupante que sus tics fascistoides y que parece haber pasado inadvertido para los medios: su manifiesta xenofobia en su vertiente racista. Juzguen ustedes sus palabras: “Si queremos construir una nueva Catalunya es para expulsar de nuestro ADN comunitario las cosas que nosotros hemos sufrido: las marginaciones por lengua, por procedencia, por raza, eso se ha acabado”.

Mientras la ANC celebraba su asamblea, en el Hospital General de Granollers, situado al norte de la ciudad, una paciente enferma de cáncer ha sobrevivido a las carencias materiales y humanas que azotan a este hospital en particular y, en general, a todos los centros de salud públicos: camilla que pide ser chatarra, un aire acondicionado descontrolado, mantas ausentes, fármacos caducados, medicación incompleta, prescripciones erróneas y un trato humano fácilmente superable. Desgraciadamente, éste caso que les cuento, y del que puedo testificar, no es la excepción.

Dirán que hago demagogia, pero los millones de euros malgastados en propaganda, Plataformas, Pactos Nacionales, referendos ilegales y en la compra de apoyos internacionales al procés serían más útiles si se destinaran a mejorar los recursos de hospitales como el de Granollers. Incluso para la propia ANC que podrá celebrar cada año su AGO con todos sus socios en perfecto estado de salud.

José SIMÓN GRACIA

You may also like...

2 Responses

  1. El no poder engañar ni a Jimmy Carter lo dice todo.

  2. jsimon dice:

    Que ya es decir; más si tenemos en cuenta que por dinero no es.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.