Je suis Ahmed Merabet et …

Terminadas las honras, llegan los ecos. Ecos de dolor, de reproche por presencias, por ausencias, por estar y por no haber estado, por el valor, por la pusilanimidad… Vacío, soledad con sabor amargo en la morada de las otras víctimas de este trágico relato atemporal, obra de entes sin alma, trozos de carne con ojos adiestrados para odiar. Y frío, mucho frío, ese frío inmensurable por escala alguna, siquiera la absoluta que parece contemplarlo todo. Tensión, mucha tensión en los cuerpos de seguridad.
Apenas una vuelta de reloj ha durado la imposible unidad en la diversidad del interés. Porque hay muertos de primera y de segunda, verdugos de primera y de segunda, estados de primera y de segunda, nombres de primera y de segunda. Y libertades… , de primera y de segunda.
En clave interna, dos pantallazos para la reflexión: Bilbao y París. Libertad, sólo libertad.

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