¿Está mal Mas?

Si piensan que ya han visto, escuchado y leído todo lo que es posible ver, escuchar y leer del trilero que tiene despacho en el número 4 de la Plaça Sant Jaume de Barcelona, creo que se equivocan. El ‘ rei Artur ‘ se ha echado al monte y no se detendrá a estas alturas de su singular Performance. Le quedan, al menos, dos momentos de especial relevancia que, a buen seguro, no desaprovechará: uno, la convocatoria oficial de las elecciones y, dos, la constitución del nuevo Parlament. En estos momentos, está meditando muy seriamente aprovechar el decreto de convocatoria para conseguir el clímax de su inane “procés”, aunque está recibiendo presiones -hasta ahora impensables- de significados prohombres de la alta burguesía catalana para que desista y espere el veredicto de las urnas.

Personalmente, no descarto que, al final, Mas, opte por reventar todo, aprovechando el decreto de convocatoria, introduciendo un redactado que sea imposible de validar por el Gobierno de España y, por lo tanto, de ser publicado en el BOE. Tremendo, de nuevo el astuto Mas se burla de España. Épico, Artur Mas denunciando ante el mundo, a través del NO-DO catalán, que el Estado dictatorial español quiere impedir a toda costa que el pueblo catalán ejercite su derecho a votar. ¿Imposible, dicen?

Mucho se ha escrito sobre la incompetencia de Artur Mas para gobernar; de su habilidad para destruir todo lo que toca: su propio partido, la coalición que le llevó al poder, su ahora socio, Oriol Junqueras (sí, aunque el republicano todavía no es consciente de ello), la cohesión social, los grandes proyectos de inversión.. ; de sus reiterados desafíos al Gobierno de la nación, a sus Instituciones, a la Constitución; de su obstinación. Sin embargo, poco sabemos sobre las verdaderas causas que permitan comprender su porqué .

¿Está mal Mas? Resulta difícil demostrar que Artur Mas está mal aunque más lo parece, demostrar que no lo está (Probatio diabólica). Sin embargo, tampoco importa tanto saber cómo está realmente; basta con conocer cómo se comporta para, de manera democrática, inhabilitarlo políticamente.

José SIMÓN GRACIA

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