Elecciones 27S: sí pero no.

A pesar del testimonio que reflejarán todas las hemerotecas del mundo, el trío del plebiscito no se cansará de repetir que han ganado estas elecciones en votos y en escaños. Siendo cierto, no podrán ocultar que, habiendo ganado las elecciones, también las han perdido.

Las han ganado en términos absolutos por una razón obvia: han obtenido más diputados y más votos que ninguna otra fuerza política. Y las han perdido, en términos relativos, por dos razones: la primera, porque la suma de escaños de CiU+ERC del 2012 suponían 71 escaños mientras que en 2015 se queda en 62 (cierto es que ha habido la escisión de UD pero también lo es que la Llista ha recogido diversos tránsfugas de otras formaciones). La segunda, los votos populares a favor de la DUI se quedan por debajo del 50%. Luego, si estas elecciones equivalen al referéndum que los separatistas no pudieron realizar, el fracaso resulta evidente.

Dicho ésto, se equivocará quien piense que el problema del independentismo va a remitir. En absoluto. Artur Mas es muy inteligente y ya ha demostrado, en otras ocasiones, una gran capacidad de adaptación ante la adversidad. No olvidemos que durante muchos años se ha generado mucha ilusión en gran parte de la población y que, convenientemente espoleada, ha devenido en pasión. Las pasiones, hoy, están a flor de piel, y eso, en manos de un potente manipulador como él, puede enquistar el problema “in aetérnum”.

Sin embargo, creo que estas elecciones han marcado un punto de inflexión. Por dos razones: en primer lugar, por la extraordinaria participación ciudadana que demuestra la enorme preocupación que el independentismo suscita, en uno u otro sentido. En segundo lugar, por la ilusión que Ciudadanos ha logrado transmitir a casi tres cuartos de millón de catalanes muy repartidos por todo el territorio autónomo. La victoria de la candidatura que encabeza Inés Arrimadas ha triunfado, por ejemplo, en ciudades tan importantes como L’Hospitalet de Llobregat, El Prat, Esplugues, Sant Boi, Rubí, Sant Adrià, Viladecans o Castelldefels. Y ha sido segunda en otras muchas, como Barcelona, Tarragona, Lleida, Girona, Lloret, Olot, Balaguer,Santa Coloma de Gramenet, Mollet del Vallès, Granollers, Sabadell, Terrassa o Reus.

Por primera vez en muchos años -quizá desde que España ganó el mundial de fútbol- he vuelto a ver como cientos de miles de personas se han sentido esperanzadas y orgullosas de ser catalanas y españolas. El tiempo dirá si se trata tan solo de un espejismo o bien de un cambio significativo de tendencia en la política española. Mientras tanto, disfrutemos de estas maravillosas sensaciones.

José SIMÓN GRACIA

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