El triste lamento de Artur Mas

Una máxima del régimen nacional catalán separatista es acatar sólo aquellas leyes que le son favorables, con independencia de quién haya tenido la potestad para legislar (parlamento autonómico, nacional o europeo).

De acuerdo con ella, piensa el astuto trilero de la Plaça Sant Jaume, acato la Constitución que emana del Parlamento nacional porque me permite convocar unas elecciones autonómicas que, a su vez, me permite ser elegido diputado y, en consecuencia, aspirar a ser Presidente de la Generalitat de Catalunya. Dicho y hecho.

El mismo individuo, o sea, el trilero Artur Mas, reniega de dicha Constitución cuando le notifican desde el TSJC que está imputado por la comisión de cuatro presuntos delitos: desobediencia grave, prevaricación, malversación y usurpación de funciones en el 9N. La misma Constitución que le permite ser Presidente de la Generalidad, le prohibe convocar un referéndum. No está mal. La Constitución le interesa cuando le permite gestionar en exclusiva un presupuesto de 21000 millones de € ; sin embargo, se denuncia como un juicio político, como una estafa a la democracia, que un tribunal de justicia, que emana de la misma Constitución, le pida explicaciones por unas actuaciones presuntamente contrarias a la misma. Con un par.

El triste lamento de Artur Mas sale a escena. Se queja de las decisiones del Tribunal Constitucional, pero ha recurrido a él siempre que lo ha considerado pertinente, obteniendo numerosas sentencias favorables a sus tesis. Hoy se lamenta que la Constitución le oprime, pero ayer aseguraba a los catalanes que esa misma Constitución les garantizaba la nacionalidad española. Hoy la desprecia,  pero ayer juraba que mantendría a Cataluña en el euro.

Otra máxima del régimen consiste en dar una respuesta unitaria, sectaria, a cualquier decisión que pueda atentar contra el sacrosanto líder del “procés” Izquierda y derecha, corruptos, movimientos antisistema, instituciones y medios de comunicación, todos a una contra el Estado opresor. Si hay que matar a Montesquieu, se le mata.

Quienes no se declaran abiertamente independentistas y aspiran a pescar en las aguas revueltas de soberanismo, como es el caso de los socialistas catalanes , tildan de errónea la actuación de los poderes del Estado. En palabras de su Secretaria de Organización, Assumpta Escarp, consideran que la imputación es “un error” que “no ayuda al diálogo, la negociación y el pacto necesarios tras las elecciones”. Éstos son los tontos útiles que, sin rechazar abiertamente la actuación de los tribunales de justicia, lanzan eufemismos para intentar disimular lo que realmente quieren decir: todos no somos iguales ante la ley.

Frente a esta paranoia que nos envuelve, les propongo un acto simbólico de rebeldía que se sustenta en las mismas razones que soportan los pilares del Happening Independentista (ninguna). Les cuento.

Si un 12 de octubre cualquiera, usted, ciudadano catalán contrario a la independencia, recibe una sanción de tráfico por parte de los Mossos de Escuadra, declárese insumiso. Alegue y difunda a los cuatro vientos que se siente perseguido ideológicamente puesto que usted no se siente en absoluto independentista; que el gobierno opresor catalán quiere robarle su dinero para mantener las estructuras de Estado. Y alegue también que la coincidencia de la fecha de la sanción con el Día de la Hispanidad constituye una afrenta indigna e imperdonable a su condición de ciudadano español. Finalmente, anuncie que enviará copia de su denuncia por agravios a todas las cancillerías del mundo.

Paciencia. Mientras tanto, si les dejan, sean felices.

You may also like...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.