Diga derecho a delinquir

0aNo ocurrirá que Cataluña desaparezca sepultada como Pompeya, pero es más que probable que esa pléyade de honorables corruptos, astutos fracasados, visionarios encarcelados y cobardes prófugos deje una región —antes próspera— sembrada de latrocinio, incompetencia, ruina y deslealtad”

En la novela “Los últimos días de Pompeya” de E. Bulwer Lyttons se cuenta cómo el sabio Arbaces, apodado el egipcio, adoctrina a su discípulo, el joven sacerdote Apoecides. El egipcio le explica la enorme importancia que tienen los engaños sacerdotales para mantener ocupada y feliz a la plebe. La gente necesita creer para ser feliz. Mientras tanto, él y los demás sabios disfrutan de la realidad terrenal que les ofrece buenos manjares, excelente vino y jóvenes y bellísimas mujeres. La vida es breve y hay que aprovecharla intensamente.

Los líderes separatistas catalanes han actuado bajo las mismas convicciones que el sabio Arbaces. Primero, inventaron un credo cuyo primer mandamiento dice España nos roba / el Estado español nos expolia / el Gobierno del Estado nos oprime / … según la parroquia; luego, un mandato popular inexistente al que otorgaron la categoría de Dios omnipotente que habría de conducirles a la República prometida; finalmente, adoctrinaron a los discípulos para engañar al pueblo a cambio del derecho a delinquir (ellos le llaman derecho a decidir) y de jugosas nóminas a cargo del Estado opresor. Cosa que han hecho impunemente durante años, sin remordimientos, convencidos, como los sabios de Pompeya, de que su conducta poco puede afectar a la balanza que mide lo bueno y lo malo. Adoctrinan a los discípulos para engañar al pueblo a cambio del derecho a delinquir (ellos le llaman derecho a… Clic para tuitear
Muchos ciudadanos, catalanes o no, sabemos desde hace años de esa farsa. Somos conscientes que Cataluña es como un juguete, un pequeño teatro que recrea un Estadito catalán en el que sus sabios, falsos oprimidos, viven en la opulencia a costa de su Dios y del resto de ciudadanos. Sabemos que el proceso de construcción de una República perfecta exenta de dolor, enfermedad, injusticia e infelicidad, es una gigantesca farsa gracias a la cual las familias elegidas (Prenafeta, Alavedra, Pujol-Ferrusola, Mas-Rakosnik, Millet … ), acumulan privilegios y riqueza.

A pesar de las múltiples evidencias, el gobierno de la nación ha permanecido paralizado hasta que se ha oficializado la ruptura de Cataluña con España. Los ciudadanos marcados como botiflers —traidores—, unionistas o españoles (término despectivo para el pueblo elegido) hemos estado desamparados y abandonados. Afortunadamente, hemos contado con el apoyo ocasional de los socialistas catalanes, del Partido Popular catalán, de Ciudadanos, y, sobre todo, con el de Sociedad Civil Catalana. Gracias a ellos y al trabajo de muchos particulares en las redes, pasamos de ser la “mosca cojonera” del independentismo a multitud en las calles de Barcelona. Gracias a Sociedad Civil Catalana, pasamos de ser la mosca cojonera del independentismo a multitud en las calles de… Clic para tuitear
Ha sido tras la declaración formal de la República Catalana que el gobierno de la nación ha tomado las primeras medidas para frenar el proceso secesionista, al amparo del artículo 155 de la Constitución aprobado por amplia mayoría en el Senado. Los efectos inmediatos, destitución del gobierno de la Generalidad al completo, disolución del Parlamento autónomo y convocatoria de elecciones autonómicas para el 21 de diciembre, han servido para restituir la legalidad constitucional y estatutaria, y para trasladar un mensaje de tranquilidad a la sociedad. El Estado está, ya no se le espera.

Sin embargo, con ser importantes e imprescindibles, ni estas actuaciones ni las encarcelaciones de los principales responsables del intento de golpe de Estado serán suficientes para reconducir el desafío, mientras existan auténticos viveros de odio —medios de comunicación públicos y escuela— desde los cuales se hace continua apología de la secesión. La no intervención de los medios, mientras no se garantice la neutralidad ideológica de los mismos, y la dejación de funciones en la alta inspección educativa constituye un grave error político.

No ocurrirá que Cataluña desaparezca sepultada como Pompeya, pero es más que probable que esa pléyade de honorables corruptos, astutos fracasados, visionarios encarcelados y cobardes prófugos deje una región —antes próspera— sembrada de latrocinio, incompetencia, ruina y deslealtad. No es probabilidad sino realidad la existencia de un pueblo marcado y dividido por la siembra continuada de semillas de odio durante tantos años a través de los medios y de buena parte de la escuela catalana. Honorables corruptos, astutos fracasados, visionarios encarcelados y cobardes prófugos dejan una región sembrada de… Clic para tuitear
El 21 de diciembre, los ciudadanos de Cataluña, especialmente la otrora llamada Cataluña silenciada, tendremos la oportunidad de dar un vuelco definitivo al procés en las urnas. Ese día, no podemos cometer el error de pensar que sea la mentira hecha pública por, entre otros, el exsecretario de Hacienda de la Generalidad, Lluís Salvadó, reconociendo que la independencia de Cataluña es económicamente inviable, ni la bochornosa fuga del cobarde Puigdemont lo que haga reflexionar y cambiar de opinión a los adeptos.

Porque sabemos que la razón está exiliada en el universo separatista, porque sabemos que la conducta de los golpistas sí puede desequilibrar la balanza del bien y el mal, quienes nos manifestamos en Barcelona los días 8 y 29 de octubre y todos aquellos que no están dispuestos a renunciar a ninguna de sus múltiples identidades —catalana, española, europea o cualquier otra—, el próximo 21 de diciembre debemos responder al desafío democráticamente, llenando las urnas de votos en favor de la convivencia, de la unidad, de la libertad y contra el derecho a delinquir.

José Simón Gracia

Fotografía: Elespañol.com

 

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