Democracia sin acreditación

Negar la alcaldía de Madrid a Carmena -segunda más votada- es un acto anti democrático, dicen. Impedir que Albiol sea alcalde de Badalona -primero más votado- es una necesidad democrática. Es decir, lo mires como lo mires, es anti democrático que forme gobierno la lista más votada, si es del PP.
Son sólo dos ejemplos de las múltiples flaquezas democráticas que nos ha dejado el recuento de voto tras el último proceso electoral; paradojas, incertidumbre mayor de la habitual debido a la ausencia de mayorías absolutas y a las diferentes combinaciones que permiten cerrar acuerdos. La irrupción de dos formaciones que entran con fuerza en el tablero, Ciudadanos -municipios y autonomías- y Podemos -sólo autonomías- y un buen número de listas singulares, especialmente significativas en grandes capitales como Barcelona y Madrid, añade complejidad y expectación .
urna grandeLos líderes políticos perfilan sus estrategias mientras los cabeza de lista más votados se esfuerzan en justificarse. El cruce de declaraciones, exigencias y descalificaciones que estamos contemplando, lleva a muchos ciudadanos a plantearse si esas conductas, legales y legítimas, son democráticas y hasta qué punto lo son. ¿Son democráticos todos los pactos pos electorales ?
La sociedad demanda mayor pluralidad política, pensando que ello implica más calidad democrática, en cuanto que suponga mayor limpieza y transparencia en la gestión pública. Sin embargo, en caso de pactos, más si se traban entre muchas fuerzas políticas, el ciudadano queda fuera de la decisión final. ¿Cómo saber si los ciudadanos son partidarios, o no, de primar la lista más votada? ¿En cualquier circunscripción, o sólo en determinadas? . Aquello que es correcto para gobiernos “de izquierdas”, ¿lo es también para los de derechas? ¿Es posible que, en muchos casos, más que resolver problemas, nuestro sistema electoral esté generando alguno más?
Si aceptamos como probables estas situaciones, creo que no está de más convenir que el sistema electoral se debe modificar para que la decisión final siempre recaiga sobre los ciudadanos. Creo, sinceramente, que un sistema de doble vuelta resolvería en gran medida estas tensiones y dotaría a nuestros gobiernos de algo que ni la legalidad, ni la legitimidad de los acuerdos garantizan plenamente: la acreditación democrática.
La Acreditación es ya en muchos ámbitos un mecanismo eficaz para la generación de confianza y también debiera serlo en política. Mejorar la calidad democrática requiere dotarse de nuevos mecanismos. La doble vuelta es uno de ellos. ¿Quién teme acreditar la democracia?

José SIMÓN GRACIA

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