Crónica de una traición anunciada (III)

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Resulta paradójico que el líder del proceso independentista exija el derecho a decidir, negando ese mismo derecho a los ciudadanos. ¿Qué es si no, su fracasada pretensión de lista única? La propuesta última del Caudillo Artur Mas es la negación de la democracia parlamentaria; es negar a los partidos la posibilidad de ofrecer a los ciudadanos sus propuestas programáticas; es negar a los ciudadanos, en definitiva, su derecho a decidir. Y él lo sabe. Y si lo sabe, ¿por qué?

Imagino que, conocedor de lo imposible de su causa, confía en su habilidad como pescador en aguas revueltas; en que la destrucción y el caos acaben garantizando un “reset” personal que le permita sortear una residencia negada al sol. Por eso, aprovechando la circunstancia griega que cree favorable a sus aspiraciones, acaba de lanzar su último cartucho, su desafío final: “Crònica d’una ofensiva premeditada”, informe propagandístico que pretende convencer a los ya convencidos y mantener la tensión, al menos hasta el 27S no sea que el batacazo electoral sea histórico. Resulta curiosa la coincidencia de fechas: la presentación pública del informe con la espantada griega (el informe estaba elaborado hace meses). Pienso que, en su astucia innata, Mas ha considerado que Europa no podría soportar al unísono dos portazos: el griego y el catalán. Pero, mira por donde, el portazo ha sido en su cara. Pez grande se come a pez chico, enseñan en la escuela.

Por si no fuera suficiente, hoy, Artur Mas necesita más a Rajoy que Rajoy al presidente catalán. Es demasiado tarde para que una operación relámpago pactada salvara a Mariano del desastre; al contrario, si algo pudiera provocar un estado de amnesia general, sería el procesamiento del Honorable a cuenta del 9N.

Sólo le faltaba constatar que las encuestas, como al iluminado griego Tsypras, le van mal; últimamente peor, a tenor del último trabajo demoscópico del que hemos sabido. Finalmente, ni “grexit” ni “catexit”. Europa y España, salen reforzadas.

Así que temo, que el astuto Artur acabará como el lumbreras de Tsypras: pasándose el órdago por donde más duele.

José SIMON GRACIA

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