Crónica de una traición anunciada (II)

Crónica de una traición anunciada. Primera parte

“No es lo mismo el derecho a la diversidad que la diversidad de derechos”

La sentencia del TC de 9 de julio de 2010 declaró inconstitucionales 14 artículos el Estatuto de Autonomía de Cataluña (1 totalmente y 13 parcialmente) y reinterpretó otros 27. La sentencia también dejaba clara la ineficacia jurídica del Preámbulo en relación al término nación para referirse a Cataluña. En respuesta a la sentencia, el día 10 de julio se celebró en Barcelona una gran manifestación ciudadana que puede considerarse el pistoletazo de salida. El lema: “Som una nació. Nosaltres decidim” .

Sobre la primera parte del lema, comparto la opinión de Nietzsche cuando afirmaba que “ sólo los términos al margen de la historia admiten una definición convincente”. Pretender una definición aceptada universalmente para términos como nación, justicia o democracia se me antoja absurdo y, discutir sobre ello, una pérdida de tiempo, salvo cuando se usa como argumento, como justificación de la segunda parte del lema.
Escribí en un artículo anterior (Libertad de expresión o comportamiento gregario) que “Aquello que define al ser humano, lo que le distingue del resto de los animales, es la capacidad de acción. Aún más, tenemos la necesidad de actuar. Podemos elegir cuándo, dónde y cómo, pero no nos está permitido eludir la acción. Sartre lo definía afirmando que “los hombres estamos condenados a la libertad”. Por lo tanto, no sólo decidimos sino que estamos obligados a hacerlo. Otra cosa es decidir de manera unilateral sobre hechos que no nos compiten en exclusiva y, temo que, por ahí van los tiros.
12 octubreEl “Nosaltres decidim” , concatenado a la primera oración, suena como a reto, a desafío, a contienda, incluso, a provocación. A voluntad de decidir una parte, por muy importante y respetable que ésta sea, por el todo. Y eso no es derecho a decidir, es atentar contra la ciudadanía. Es atentar contra la integración social basada en compartir derechos semejantes y no en la pertenencia a una determinada etnia o tradición cultural. Porque nuestra sociedad es resultado de sumar múltiples culturas, múltiples identidades.
Una sociedad es más justa y libre cuanto mejor conjuga los múltiples vínculos afectivos, culturales, religiosos, de lengua, etc, que nos vienen dados, con un marco jurídico que los garantice. Porque no es la etnia, no es la religión, no es la lengua, lo que hace una sociedad libre, sino las leyes que garantizan que todos los ciudadanos son iguales y tienen los mismos derechos. No se trata de discutir el derecho de cada ciudadano a su cultura, a su lengua o a su religión; es más, sus derechos deben ser garantizados en el marco legal común. De lo que se trata es de que un estado de derecho como el español no sea fragmentado en el cúmulo de etnias que lo forman.

José SIMÓN GRACIA

Tercer y último capítulo

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