Crónica de una traición anunciada (I)

“Abolida la servidumbre de la gleba que ligaba al campesino con la tierra, hoy tenemos el peligro de inventar una ‘servidumbre de etnia’.” Giovanni Sartori

Resulta evidente, para cualquier observador, el obstinado intento de fragmentar España. Durante décadas, los ideólogos han ensayado distintas estrategias para lograrlo: por medio del terror -en el caso vasco-, por medio de la traición -en el caso catalán. El tiempo, enemigo habitual de estrategas con ADN totalitario, ha demostrado cuan inútil ha resultado, para sus objetivos, derramar tanta sangre y dolor. Por el contrario, ha servido para fortalecer los valores de democracia y libertad en los españoles, en general, y de los vascos, en particular.
La estrategia independentista catalana basada, repito, en la traición, lejos de decaer, ha experimentado una efervescencia tal que, a fecha de hoy, existe una amenaza, real, de ruptura unilateral –DUI, Declaración Unilateral de Independencia– ejecutable en un plazo de 18 meses a contar a partir del 27S. De hecho, los primeros actos de ruptura formal, vienen produciéndose en distintos ámbitos -municipales, principalmente- administrativos desde hace varios años, sin que la respuesta del Estado haya sido todo lo contundente que cabría esperar.

CiU leader Artur Mas, second from left, celebrates his victory with his wife HELENA RAKOSNIK, second from right,  party co-leader Josep Antoni Duran i Lleida, left, and former President of Catalonia Jordi Pujol, right, in Barcelona, Spain, Sunday, Nov. 28, 2010. En la foto brindando con champagne

¿Cómo se ha llegado a este punto? Una de las claves es, sin duda, la habilidad de un personaje indigno llamado Jordi Pujol Soley. Bajo una apariencia de hombre de Estado, construyó, además de una fortuna personal y familiar nada desdeñable, una “realidad catalana” hecha a medida de su proyecto secesionista. Realidad que llegó a encandilar a propios y extraños: el “oasis catalán” constituía todo un ejemplo de buen hacer frente al “ruido” de la capital del Reino, de “Madrit”. Los sucesivos gobiernos de Pujol destinaron ingentes cantidades de dinero para gestar y mantener una tupida red clientelar que abarcaba todos los ámbitos de la sociedad catalana. Al tiempo, legisló a sus anchas -contando con la anuencia de los gobiernos populares y socialistas- en política lingüística, en Educación y en medios de comunicación públicos, hasta asegurarse el control total y exclusivo. A pesar de todo, esta estrategia -de éxito durante muchos años- muta a un enfrentamiento abierto, radicalmente rupturista, con el Estado. La pausa deviene aceleración; la calma, tempestad; la moderación, desprecio; la justa negociación, exigencia.
¿Por qué se precipitan los acontecimientos? La primera causa cabe buscarla en la crisis económica que obliga a la Generalitat a practicar recortes brutales que castigan directamente a clases medias y a las más desfavorecidas; recortes que no inciden -más bien se incrementan- en las partidas destinadas a promover y justificar “el procés”. La necesidad de justificar los recortes ante la ciudadanía pone en marcha la gran campaña de agitación y exacerbación independentista: “Espanya ens roba”. Al tiempo, y ésta es la segunda causa principal , se estrechaba el cerco a la familia Pujol-Ferrusola (reconforta saber que todos los resortes del estado de derecho no están en manos de idiotas), hasta el punto de provocar su famosa confesión pública. Descubiertas las vergüenzas del padre de la patria catalana, Artur Mas, su heredero político, lejos de rectificar, emprende una insensata carrera que habrá de concluir -según él- con la proclamación de la República Catalana. ¿Cómo justificar semejante desvarío ?

Segunda parte

José SIMÓN GRACIA

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