Ciudadanos pincha la burbuja Podemos

El pasado 22 de febrero publicaba un artículo titulado “Sí señor, es la hora de Ciudadanos”. En uno de sus párrafos decía “Hasta apenas hace dos meses, Ciudadanos no era más que un grano en el culo del rompepiernas Mas y del resto de separatistas de la singular Cataluña. Hoy, es una almorrana sangrante para populares, socialistas, upeidistas y podemitas”.

El resultado de las elecciones andaluzas, la posterior descomposición de UPiD y la beligerancia que todos ellos mantienen con Ciudadanos parecen darme la razón.

El voto andaluz inicia la hemorragia, especialmente sangrante para la formación de Rosa Díez. Los magenta fracasaban en su tercer intento de sentarse en el parlamento andaluz y perdían, de una tacada, más de cincuenta mil votos y todo el crédito acumulado. El batacazo del PP, una señora bofetada en el pétreo rostro popular, noqueaba hasta la gaviota de la calle Génova; pese a ello, mantiene mucho poder, suficiente para intentar neutralizar la gangrena. El PSOE, salva el ajuar, consciente de que ha sido por la campana. La torpe estrategia popular de criminalizar a Podemos ha estimulado el voto útil a su favor. Se equivocará, sin embargo, si cree que se le ha perdonado la corrupción abonada por sus máximos dirigentes.

La cosecha de votos de la formación que lidera el predicador Pablo Iglesias, indiscutiblemente buena, significa, paradójicamente, que Podemos tiene mucho menos recorrido del previsto por encuestas y periodistas afines, Movimiento ciudadanocomo el rigurosamente subjetivo García Farreras. En efecto, el proceso de fuerte subida en intención de voto del proyecto político de Iglesias, tras las elecciones europeas, había generado una expectativa de subidas futuras que en esta primera estación no se han cumplido. La burbuja Podemos pierde energía y a ello ha contribuído, sin duda, la magnífica gestión llevada a cabo por los simpatizantes, militantes y dirigentes de Ciudadanos, liderados por Albert Rivera.

El hundimiento de UpiD, imposible sin el haraquiri de Rosa Díez, ha disparado las expectativas de los naranjitos. Los españoles ya interiorizan que hay una alternativa al bipartidismo que puede aglutinar el voto de quienes, queriendo castigar a “la casta”, no están dispuestos a arriesgar lo mucho que la democracia nos ha dado. De ahí que los primeros espadas del PP y Podemos hayan virado sustancialmente desde el respeto al ataque más o menos vehemente, pasando por el ninguneo. Mientras que en el PP han optado por alternar palo-zanahoria -por si – , en Podemos se ha pasado al ataque directo y a la descalificación.


Pablo Iglesias es consciente de que su burbuja no la pincha el gobierno -si acaso, la engorda-, sino Ciudadanos. Sabe que están limpios, que no asustan a nadie, y que Albert Rivera es el líder que sale mejor parado en las encuestas. Tienen todo de cara, incluso los medios. Pero sobre todo, tiene seguidores muy activos, tanto en la calle como en las redes sociales. Y le preocupa. Tanto que, en un renuncio más, ha decidido recuperar “el cambio”, que utilizaron socialistas y, posteriormente, populares, como eslogan de campaña frente a Ciudadanos. Tanto que ha encargado al empresario de éxito Juan Carlos Monedero el trabajo sucio .

Bien hará Albert Rivera en mantener la serenidad y extremar la prudencia para afrontar los dos retos principales que tiene por delante: uno, gestionar con humildad e inteligencia la descomposición de UpiD y dos, no variar su discurso frente a Podemos. Las próximas semanas se presentan entretenidas.
José SIMÓN GRACIA

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