Carlos Puigdemont, un candil que se apaga

el independentismo es una selecta y lucrativa oficina de empleo para adoquines parlamentarios, periolistos, empresarios de la subvención, adoctrinadores y aduladores”

El 26 de octubre de 2017, saltaba la noticia de que Carlos Puigdemont, en esos momentos presidente de la Generalidad, sopesaba convocar elecciones en Cataluña para evitar la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española. Gabriel Rufián – el mismo que hoy, desde su militancia en ERC, presiona para recuperar la autonomía– enviaba un tuit demoledor que le dejaba al pie de los caballos: 155 monedas de plata. El lumbreras Puigdemont entró en epilepsia política y salió cagando leches hacia Bruselas Clic para tuitear
Bastó un tuit sin destinatario para que Carlos Puigdemont, el lumbreras, entrara en epilepsia política y saliera, como niño asustado, cagando leches hacia Bruselas. El mismo Puigdemont que sentenció “los españoles serán expulsados de Cataluña, como lo fueron de Bélgica, y nuestra tierra volverá a ser, bajo la república, en la paz y en el trabajo, señora de sus libertades y sus destinos”, huyó como las ratas de esa Cataluña que soñó ser imperial con Eugeni D’Ors (el primer fascista catalán) y terminará fracturada y provinciana gracias a su obra.

Puigdemont demostró en ese momento no haber entendido nada del bingo que Artur Mas le había traspasado, presionado por los patriotas de la extrema izquierda catalana. No entendió que ‘el derecho a decidir’ es solo el sello de impunidad para el desfalco de las arcas públicas a base de comisiones del 3 %, del 4 %, o vaya Vd. a saber. Que el independentismo es una selecta y lucrativa oficina de empleo para adoquines parlamentarios, periolistos, empresarios de la subvención, adoctrinadores y aduladores. Puigdemont decía que los españoles serán expulsados de Cataluña, como lo fueron de Bélgica, pero huyó como las ratas Clic para tuitear
Y así es como el golpista Puigdemont, sumergido en sus propios mitos, creyendo ser el único faro que ilumina las tierras catalanas, ha demostrado tener menos luces que un candil.

Al final, seis meses después de la gran escapada y tras múltiples escaramuzas –astucias del ‘puto amo’, para la bien pagada Rahola–, el liderazgo de Puigdemont tiene fecha de caducidad. El candil catalán se apaga.

Sin embargo, mientras el gobierno de la Generalidad esté en manos independentistas, los españoles –especialmente los catalanes– padeceremos durante décadas las consecuencias de la política ultranacionalista, racista y xenófoba impulsada por el golpista de Gerona, posiblemente, el primer fascista catalán del siglo XXI. Durante décadas, pagaremos las consecuencias de la política ultranacionalista, racista y xenófoba de Puigdemont Clic para tuitear
La democracia, en modo nacionalista, seguirá existiendo solo en las pancartas. La libertad, para acosar y adoctrinar desde los medios de comunicación, la escuela y los templos. Que no sea así, depende de todos nosotros porque, en Cataluña, el gobierno de España ni está ni se le espera.

José Simón Gracia

 

 

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