Bilis

“Dentro de las cárceles españolas, son corderos y palomas. Fuera, lobos y gallinas. Dentro, demócratas y realistas. Fuera, imaginarios y golpistas. Dentro, pacíficos y respetuosos. Fuera, desprecian y violentan”

Un mecánico de Reus, Jordi Perelló, se negó a reparar un automóvil porque su propietario era un agente de la Policia Nacional, alegando que era cómplice de la violencia en las cargas policiales del 1-O. Un restaurante de Calella, El Galliner, anuncia en una pizarra “No servim a les forces d’ordre públic no autonòmiques, tampoc volem els seus serveis. Gràcies”. Una doctora, pedíatra, de Balsareny (Barcelona), se pasa el juramento hipocrático por el forro de sus gónadas y se niega a atender a un niño de 8 años por ser hijo de una pareja de vecinos a los que , anteriormente, habían intentado quemar su casa por tener colgada una bandera española. Que sea la esposa del supremacista alcalde de la ciudad, Isidre Viu (ERC), es algo más que una circunstancia. ¿Qué será lo próximo? No lo sé, pero seguro que será igual de repugnante, igual de vomitivo.

En los últimos meses, está aflorando en Cataluña más bilis de la habitual. No es casual. Es una consecuencia más de la minuciosa y sistemática siembra de semillas de odio que la Generalidad de Cataluña viene haciendo: día tras día, mes tras mes, año tras año. Bien regada con una generosa lluvia de fondos públicos, los graneros supremacistas rebosan bilis que esparcen los medios propagandísticos del régimen.

Sea a través de Radio o televisión, de prensa escrita o digital, de medios públicos o subvencionados, los Soler, Barnils, Rahola, Partal, Terribas, Álvaro o Antich —todos ellos empleados del bingo independentista—, compiten a diario para ver quien dice la mayor barbaridad: involución democrática, persecución de ideas, encarnizamiento inquisitorial de la justicia, o el Estado español quiere aniquilar al pueblo catalán, como dice un editorial del digital  Directe.cat 

Dentro de las cárceles españolas —deprimentes, dice Andreu Barnils en Vilaweb, como si una cárcel pudiera ser otra cosa— son corderos y palomas. Fuera, lobos y gallinas. Dentro, demócratas y realistas. Fuera, imaginarios y golpistas. Dentro, pacíficos y respetuosos. Fuera, desprecian y violentan. Dentro, independentistas. Fuera, también. Los independentistas, dentro de las cárceles, son corderos y palomas. Fuera, lobos y gallinas. Clic para tuitear No se equivoquen. No se equivoque el gobierno de España. No hay contradicción entre el independentismo. Los oprimidos millonarios, Mandelas made in Otegi, convergentes y anticapitalistas, republicanos y comunes diversos, son, ante todo, antiespañoles empeñados en implementar una república nórdica aunque esta se encuentre en el norte de Sudamérica. El proceso sigue. La siembra continúa.

José Simón Gracia @mehuelea

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