Basta ya de golpear a la democracia

En una democracia existen unas reglas que delimitan su funcionamiento. Una de ellas es que, periódicamente, los ciudadanos son llamados a las urnas para que otorguen su confianza a quien aspira a representar políticamente a los ciudadanos. Otra, que en cada convocatoria elegimos a nuestros representantes para que actúen en el marco competencial que les corresponde; es decir, dentro de los márgenes que la ley les otorga. Pero en una democracia hay una cosa que nunca debe suceder: que los cargos electos se otorguen competencias que no les corresponden.

El 27S, los ciudadanos catalanes decidieron libremente a qué formación política daban su voto, su confianza. No decidieron asignarles nuevas competencias. Decidieron qué formación debería intentar formar un gobierno que gestionara las competencias que les corresponde de acuerdo con la legislación democráticamente establecida. Es decir, los ciudadanos catalanes no han autorizado a los parlamentarios electos para que elijan alcalde en Matadepera o para que contraten el servicio de limpieza de mi comunidad de vecinos. Mucho menos, para declarar ilegal al Tribunal Constitucional o para hacer una declaración unilateral de independencia (DUI).

Nos encontramos en un punto en el que la lista que ha ganado democráticamente las elecciones autonómicas -con el apoyo de la CUP- pretende tomar decisiones que compiten al Parlamento español; es decir, a la libre decisión de todos los españoles y no sólo de los de una parte de una región autónoma, por respetable que sea.

JxSí y la CUP intentan legitimar el proceso secesionista remarcando que, los 72 diputados que ambas formaciones suman, poseen mayoría absoluta y, por lo tanto, poseen la legitimidad para decidir. En ese intento de legitimar ‘su proceso’ han laminado los fundamentos de la democracia. La ceguera totalitaria que manifiestan les impide ver que su actitud desafiante no es un golpe al Estado -que también- sino un golpe a la democracia.

La deriva totalitaria de la alianza secesionista queda perfectamente retratada en la figura de Carmen Forcadell, nueva presidenta del Parlamento catalán con el apoyo añadido de cinco diputados adscritos a la formación que, a nivel nacional, lidera Pablo Iglesias. Carmen Forcadell personifica como nadie el sectarismo más pestilente cuando afirma que : ‘los enemigos de Cataluña son el Estado español, Ciudadanos y el Partido Popular; esos son los enemigos de Cataluña; el resto es el pueblo catalán’.

Si creemos en la democracia, si creemos en la libertad, si creemos que ‘vos’ no sois más que ‘nos’, es el momento de decir: ¡basta ya de golpear a la democracia!

José SIMÓN GRACIA

 

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