Artur Mas y el conductor de autobús de Montgomery

Cataluña tiene el 24 M la oportunidad de denunciar la estafa política a la que ha sido sometida durante cuatro años por CiU. El municipalismo ha pasado de servir al ciudadano a servirse de él en pro de un constructo bipolar en que cual un personaje endiosado –Artur Mas– acompañado de una deidad menor –Oriol Junqueras– han organizado un “nou país” de ensueño frente a la España anclada en el pasado.

Vulgares charlatanes de feria, regalan los oídos de quienes, castigados por una crisis económica brutal, no creen tener nada más que perder. De poco sirve que, transcurrido el tiempo, el maná no llegue nunca a quien lo necesita. El NO-DO se encarga de mantener hipnotizado al personal repitiendo una y mil veces las palabras sagradas “ara és l’hora”. Y así, hipnotizados, pasa desapercibida la paradoja Mas: sabe qué ocurrirá, en el futuro, en el “nou país” pero es incapaz de detectar la corrupción en su casa: Crespo, Millet, Pallerols, Jordi Pujol i Soley, Oleguer Pujol, Marta Pujol, …

Con ser grave, que lo es, no me parece lo más. Mas y Junqueras han conseguido que, en Cataluña, parte se la ciudadanía se sienta segregada y relegada por el poder político a una categoría menor. Sin pudor, se remarcan  diferencias entre los catalanes y los españolistas -o botiflers- . Es más, incluso entre los catalanes, se distingue entre “els nostres” y “los otros catalanes” a los que, por cierto, se exibe como un caso más de “peix al cove” pujoliano. Eso,unido a la manipulación de la historia y al intento de exclusión de la lengua española en las primeras etapas de la enseñanza,  nos retrotrae a épocas que quisiéramos superadas.

A pesar de que las denuncias se suceden, no desiste el astuto Artur Mas -ni su discípulo Junqueras– en defender las bondades de la causa. Pero yo, qué quieren que les diga, desconfío, y no puedo evitar que sus palabras me traigan a la memoria la historia de un conductor de autobús en Montgomery, Alabama. Cuentan que el conductor -blanco-, cansado por las protestas que arreciaban (recuerden el caso Rosa Parks), se plantó ante quienes pretendían abordar el autobús y dijo: “ se acabaron los blancos y los negros, no más blancos y negros; ahora todos seremos azules. Los azul oscuro cedan su sitio y pasen al fondo”.

¿Queda suficientemente claro?

José SIMÓN GRACIA

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