Artur Mas, patriota de la señorita Pepis

No me extraña que Mas se considere astuto viendo la ingenuidad que demostramos quienes no compartimos su proyecto político. Mientras él campa a sus anchas, nosotros gastamos toneladas de papel para argumentar su insensatez o para recordarle que nadie está por encima de la ley, como si se tratara de un bachiller adolescente.

Artur Mas sabe perfectamente lo que hace, cuánta ley puede saltarse y hasta cuándo. Es un trilero profesional, no un estúpido. Y porque no lo es, cada día nos ofrece un nuevo, aunque previsible, capítulo del happening catalán. Y así continuará la serie una , dos o tres temporadas más, hasta que dejemos de difundir su discurso, de hacerle y seguirle el juego.

Decirle a Mas qué debe o puede hacer, qué está bien o mal, qué le conviene o no a Cataluña, es una forma más de perder nuestro tiempo y de regalárselo a él. Lo que debiéramos hacer es poner en evidencia que es un singular trilero. Lo que debiéramos hacer es demostrar que es un demócrata a tiempo parcial y un patriota de la señorita Pepis.

Lo que preocupa a Mas es que los independentistas empiecen a hacerse preguntas como estas tres que yo me haría si lo fuese. Primera, si lo que importa realmente es conseguir la República catalana, ¿por qué pones en riesgo todo el proceso exigiendo el voto para tu candidatura a la Presidencia de la Generalitat? Segunda, si renunciaste a encabezar la lista electoral, ¿por qué ahora no renuncias a la Presidencia? Tercera, ¿crees que eres la única persona digna y capaz de liderar el proceso?

Por ello, Artur Mas, consciente que el tiempo le está erosionando y que la alcaldada en plan rocío daliniano no tapará durante mucho tiempo sus miserias, no ha dudado en echar el resto e implorar el voto a las CUP. Se ha pasado la dignidad por el forro y les ha pedido un voto; no “el voto de tu vida”, como en la campaña electoral, sino “el voto para su vida”. En 24 horas ha pasado de ser uno más, a ser el “Mas”. Se acabó la broma.

Por todo lo expuesto y dado que para Artur Mas (al igual que para Jordi Pujol) la dignidad es cosa de tontos y la democracia, de estúpidos , ¿no creen ustedes que ha llegado el momento de abandonar la ingenuidad?

José SIMÓN GRACIA

You may also like...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

La moderación de comentarios está activada. Su comentario podría tardar cierto tiempo en aparecer.