Artur Mas, demócrata a la fuerza

Artur Mas está viviendo estos últimos días un auténtico calvario. Su rostro grave no refleja preocupación por la tormenta que se le avecina sino por el naufragio que se anuncia. La nave, a pesar de los esfuerzos de Turull -necesitamos velocidad de crucero desde el minuto 0- no tira y amenaza hundirse. Para campear el temporal, Mas ha mudado de capitán de barco a presiflauta,  pero a Baños le entra la risa cuando le ha propuesto un encuentro asambleario a 72 .Y, para rematar la faena, va y le llama victimista. Vamos, sólo le faltaba el cachondeo del Baños después que la Rahola despotricara como una histérica que, en Cataluña, ‘tenemos una mierda de políticos’ y que en can Cuní acabe de decir: ‘Estoy desconcertada con mi propio Presidente, a quien tantas veces aplaudo’.

Entiendo a Mas. Ha trabajado mucho por y para el proceso; para el suyo personal y para el colectivo. Por eso exige reconocimiento y homenaje. Si no se le reconoce pueden desatarse fuerzas que acaben con el justo anhelo del pueblo catalán y, entonces, el sacrificio no habrá servido para nada. Si analizamos detenidamente los últimos años veremos que su liderazgo es indiscutible. ¿Cómo alguien pueda ver arrogancia en aquello que no es más que la firme voluntad de servir a su pueblo? Por otra parte, ¿acaso hay alguien en el universo nacionalista catalán más preñado de democracia, tolerancia, lealtad, patriotismo, astucia e inteligencia que él?

Lo que no debe resultar fácil comprender al señor Mas es por qué, pese a los ingentes recursos económicos y humanos invertidos, pese a las cualidades que presume poseer, siga recibiendo el más absoluto ninguneo de la totalidad líderes políticos e instituciones internacionales, de organizaciones políticas y económicas de renombre y prestigio, de importantísimos medios de comunicación, y, especialmente, de la mayoría de ciudadanos catalanes.

Sin embargo, para muchísimos ciudadanos, cada día nos resulta más evidente que su comportamiento es totalmente irracional. Por una parte, parece que Artur Mas tenga un severo déficit de inteligencia interpersonal, aquella que, según su creador, Howard Gardner, nos faculta para adaptarnos al entorno e interactuar con los demás. Es una inteligencia que, por lo tanto, está muy relacionada con las habilidades sociales y con la inteligencia emocional. Por otra parte, la obsesión por mantenerse en el poder que el presidente de la Generalitat está manifestando en estos días, nos hace pensar que pudiera sufrir una patología que suele afectar a determinados políticos con responsabilidades de gobierno: el Síndrome de Hybris.

Los rasgos que describen esta patología encajan perfectamente con su personalidad. Mas mantuvo durante un tiempo (mientras la economía estaba boyante y las mordidas no peligraban) una actitud, en apariencia, responsable. Sin embargo, cuando aparecieron las primeras dificultades presupuestarias empezó a manifestar su megalomanía. Eufórico y endiosado, acaba comportándose sin escrúpulos y despreciando todo aquello que se opone a sus fantasías mesiánicas. El fracaso no existe y los errores son siempre de otros: ‘España nos roba, el estado español nos oprime, España tiene un déficit democrático, .. ‘ Iluminado, infalible e insustituible, Artur Mas, demócrata a la fuerza, ha entrado en una senda paranoica que amenaza con engullir los avances logrados en los últimos treinta años.

Confiemos que su calvario no sea el nuestro

José SIMÓN GRACIA

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