Rivera, en el centro de la diana

A lo largo de todo el año que está a punto de finalizar, ha existido un único consenso entre las principales fuerzas parlamentarias, a las que se ha sumado Podemos: todas centran sus ataques contra Ciudadanos. Albert Rivera, en el centro de la diana, es el rival a batir.

Los ataques se intensificaron a partir de las elecciones autonómicas catalanas, en las que Ciudadanos recogió el justo premio a su labor dentro y fuera del Parlamento, y alcanzan su máxima intensidad a medida que nos acercamos al 20D. Especialmente significativo resulta el consenso entre los partidos independentistas en impedir que Ciudadanos sea la fuerza más votada en Cataluña.

Unos, como Mariano Rajoy, fundamentan la crítica en que la falta de experiencia en tareas de gobierno es algo sustantivo, algo de lo que carecen Ciudadanos. Y es cierto. Tanto como que tampoco son expertos en corrupción, eso a lo que el presidente del gobierno asigna la categoría de simple anécdota de la condición humana. Seguramente, él, por tener tanta experiencia en tareas de gobierno, se ha visto siempre rodeado de tantas ‘anécdotas’ que tardaremos años en conocer y digerir.

Otros, como el supuesto líder de los socialistas, Pedro Sánchez, experto en acumular incongruencias y pactos anti natura, acusan a Ciudadanos de ser un partido de derechas al tiempo que pide su apoyo en Andalucía y le ofrece formar parte de un tripartito (PSOE-Podemos-Ciudadanos) para desbancar a Rajoy. Habría de explicar y justificar el dirigente socialista por qué no quiere un gobierno de frentes para Cataluña pero sí para toda España.

Está por demostrar la eficacia que tendrá esa estrategia el 20D. De momento sólo ha conseguido aumentar las expectativas del partido naranja que ve como aumenta a diario su número de simpatizantes. La falta de experiencia de gobierno no fue para Adolfo Suárez un freno para construir los consensos que permitieron superar la dictadura y abrazar la democracia. Tampoco lo fue apostar por el diálogo y evitar frentes ‘anti partidos’. Al contrario. La mochila vacía y la capacidad de establecer acuerdos a izquierda y derecha son el mejor punto de partida para liderar la segunda transición que España necesita.

El líder, el equipo, el programa y la ilusión están ahí. Ahora llega el turno ciudadano. Y debemos elegir y decidir entre continuísmo o renovación; entre avalar la corrupción o erradicarla; entre dividir y enfrentar o sumar; entre sumisión o ilusión. Particularmente, lo tengo meridianamente claro: yo también estoy en la diana.

José SIMÓN GRACIA

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